Pasar lista en una clase numerosa resta tiempo de docencia, y una hoja de firmas que circula por las filas vuelve con nombres ilegibles, huecos y alguna firma hecha por un amigo. Después alguien tiene que teclear la hoja en el registro de notas.
Muchas universidades ya imprimen un código de barras o QR en cada carné de estudiante. Ese código basta para registrar quién entró y cuándo, sin lectores de tarjetas específicos ni un sistema adicional que implantar.
Los datos de asistencia son datos personales. Una solución basada en teléfonos deja la decisión en manos de la institución: el centro decide qué identificadores se escanean, qué lista se carga en el dispositivo y adónde va el archivo exportado.