Las muestras acaban en gradillas, cajas y congeladores. Escribir a mano los números de los tubos en la hoja de una caja es lento, y un solo dígito invertido significa una muestra que existe pero que cuesta una tarde encontrar.
La pregunta que más se hace un laboratorio es sencilla: ¿qué caja contiene este tubo y qué hay en esta caja? Responderla con papel obliga a abrir congeladores y leer etiquetas con los dedos helados.
Cuando cada tubo y cada caja llevan un código de barras, escanear la caja y después sus tubos da un inventario limpio de posiciones en una sola pasada.